Entrevista a Freddy Peñafiel Larrea, Viceministro de Educación del Ecuador

 “Decidimos recuperar la rectoría del sistema…reconocemos la pérdida de autonomía, como una debilidad, y como dijimos desde un principio de este proceso, queremos devolverla, pero con un objetivo claro… ”

En 2007, la Asamblea Constituyente del Ecuador redactaba el texto de la nueva Constitución Nacional que, en 2008 sería  validado contundentemente por la población a través de un referéndum.  Ésta era una de las promesas de Rafael Correa, quién levantó alto la bandera de la “Revolución Ciudadana”. Dicha Constitución junto con la de Bolivia es inédita para la región, ya que entre sus principales lineamientos plantea la plurinacionalidad del Ecuador, e incorpora la visión andina del “sumak kawsay” o buen vivir como sustituto a la idea positivista de ‘desarrollo’. Además, es la primera constitución en el mundo que otorga derechos inalienables a la naturaleza. Regionalmente, el gobierno de Correa se alineó con los gobiernos neo-desarrollistas, siendo punta de lanza junto con el proceso venezolano y el boliviano del llamado “socialismo del siglo XXI”. En los últimos años, la baja del precio del petróleo, afectó fuertemente en su economía. Se han dado grandes enfrentamientos entre los movimientos sociales (que en un principio acompañaron el proceso constitucional) y el gobierno, tanto por los avances de éste último en políticas extractivistas a pesar de la oposición de las comunidades, como por las enmiendas constitucionales, entre otras. En este proceso, se ha criminalizado fuertemente la protesta social, acusando a los manifestantes de “terrorismo”. Este breve acercamiento a algunos hitos del período correísta, es una invitación para seguir debatiendo y reflexionando sobre los gobiernos neo-desarrollistas que se autodenominaron revolucionarios.

En materia educativa, se emprendió la “Revolución Educativa”, que puso énfasis en garantizar la “calidad y calidez de la educación” retomando “el rectorado del sistema educativo”. En este sentido, se ha logrado la inversión educativa más importante en relación con los gobiernos anteriores,  la construcción de las Unidades Educativas del Milenio, la creación del Instituto Nacional de Evaluación, la creación del Sistema Integral de Desarrollo Profesional para Educadores (SIPROFES), la eliminación de “cuotas voluntarias” que pagaban las familias, el acceso a las tecnologías y  la distribución de textos gratuitos, entre otras.

Pero a su vez, resulta necesario profundizar sobre los fundamentos políticos que subyacen a la llamada “revolución educativa”. En este sentido, se ha propiciado la desarticulación del histórico Sindicato la Unión Nacional de Educadores (UNE), quienes acompañaron la reforma constitucional y hoy viven la persecución sindical por parte del gobierno. También se han cerrado numerosas escuelas interculturales bilingües, que se habían logrado construir con la lucha de los movimientos indígenas, con la justificación de la fusión en las nuevas Unidades Educativas del Milenio. La construcción de estas últimas muchas veces ha resultado conflictiva para las comunidades, debido a las distancias entre éstas y las UEM, lo cual  ha sido un gran obstáculo, ya que en varias zonas no hay transporte garantizado. Además, se ha propiciado la formación docente a partir de becas y maestrías en convenios con universidades en el extranjero, poniendo el saber en otras latitudes y no en la propia tierra. Por otro lado y en relación a la “calidad educativa”, ésta se ha construido en torno a una fuerte evaluación de l@s  estudiantes y docentes, centrada en estándares, lo que imprime en los tiempos del proceso educativo el “prepararse para rendir”. La calidad también parece estar ligada fuertemente a la infraestructura, pero dejando en un segundo lugar lo pedagógico y, en este contexto, también parece quedar relegada la posibilidad de preguntarn@s ¿Qué calidad queremos l@s educador@s? ¿Qué aprendemos? ¿Qué enseñamos? ¿Qué evaluamos y cómo? Estándares… ¿para qué sociedad? ¿Es posible en este contexto ecuatoriano hablar de “revolución educativa”?

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Junio 2016

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